martes, 26 de agosto de 2014

Canciones sefardíes (VIII): Una matica de ruda

He aquí una de las cantigas más populares del repertorio tradicional sefardí, Una matica de ruda. Durante el siglo XX fue registrado para su conservación, tanto por escrito como cantado por miembros en numerosas comunidades sefardíes del mediterráneo y sudamérica, con pequeñas variaciones sobre el texto original.

La historia de este romance nos presenta la discusión entre una hija y su madre sobre la conveniencia de rechazar un amor apasionado y furtivo que condena a la doncella a la deshonra, frente a la seguridad de un buen matrimonio. La ruda es una planta conocida desde antiguo por su sabor amargo y sus propiedades abortivas, por lo que la madre, al ver a su hija con ella, teme que todo esté ya perdido.

Esta versión corresponde con la recogida y documentada en la comunidad de Rodas por el musicólogo Alberto Hemsi en 1932. Aquí os dejo la letra y la interpretación que de ella hace la cantante israelí Esther Ofarim.

Una matica de ruda,
una matica de flor,
me la dio un mancevico
que de mi se enamoró.
me la dio un mancevico
que de mi se enamoró.  
Hija mía, mi querida,
no te eches a perdición.
Más vale un mal marido
que un mancevo de amor
Más vale un mal marido
que un mancevo de amor.  
Mal marido, la mi madre,
el pilisco y la maldicion.
Mancevo de amor, la mi madre,
la mançana y el buen limón.
Mancevo de amor, la mi madre,
la mançana y el buen limón.



Existe un clarísimo paralelismo entre esta cantiga y un antiguo romance castellano recogido por escrito ya en el siglo XVI denominado Una guirnalda de rosas, aunque en este caso se sustituye la ruda por la rosa, se subraya la relación simbólica entre la flor cortada ofrendada por el amante a su dama, y la doncellez perdida por ésta, y la narración es mucho más explícita.

–Esa guirnalda de rosas,
hija, ¿quién te la endonara?
–Donómela un caballero
que por mi puerta pasara;
tomárame por la mano,
a su casa me llevara,
en un portalico escuro
conmigo se deleitara.
Echóme en cama de rosas
en la cual nunca fui echada,
hízome, no sé qué hizo,
que d’él vengo enamorada;
traigo, madre, la camisa
de sangre toda manchada.
–¡Oh sobresalto rabioso!,
¡que mi ánima es turbada!
Si dices verdad, mi hija,
tu honra no vale nada,
que la gente es maldiciente,
luego serás deshonrada.
–Calledes, madre, calledes,
calléis, madre muy amada,
que más vale un buen amigo
que no ser mal maridada.
Dame el buen amigo, madre,
buen mantillo y buena saya,
la que cobra mal marido
vive malaventurada.
–Hija, pues queréis así,
tú contenta, yo pagada

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