sábado, 1 de febrero de 2014

Sospechosos habituales (III): Antonio de Nebrija

Antonio de Nebrija (A. Nogués) Madrid 01
Estatua de Nebrija en la
Biblioteca Nacional
Elio Antonio Martinez de Cala, más conocido como Antonio de Nebrija, es uno de los más ilustres humanistas españoles. Nació en Lebrija (Sevilla) en 1441 en el seno de una familia de probables judeoconversos, lo que le llevará en el futuro a tener serios problemas con el Santo Oficio.

Estudia Humanidades en Salamanca, y de allí, gracias a una beca, viaja a Bolonia donde cursa estudios de Teología y permanece por el plazo de diez años ligado al Colegio de España de Bolonia. A su vuelta, imparte docencia en Gramática y Retórica en Sevilla y en la Universidad de Salamanca. En 1488 pasa a ser protegido del Gran Maestre de la Orden de Alcántara, al que sirve hasta su muerte.

Su obra más conocida y celebrada es la Gramática Castellana, publicada en 1492 y dedicado a la reina Isabel la Católica, el año en que todo lo importante parecía suceder en este país.  Es el primer libro destinado a estudiar las reglas de una lengua romance publicado en Europa y partir de este momento,  se convierte en la principal herramienta para la difusión del castellano por todo el mundo. Entre otros hitos considerables, enumera las partes de la oración: nombre, pronombre, verbo, participio, preposición, adverbio, interjección, conjunción, gerundio y supino.

En el mismo año publica también su Diccionario latino-español, con más de 28000 entradas.

En 1502 colabora como latinista en la elaboración de la Biblia Políglota Complutense, abandonando el proyecto por discrepancias con los demás teólogos del equipo, al discutir la fidelidad de la traducción del original hebraico, lengua que conocía bien. Debido a estas disputas, es denunciado ante la Inquisición, que investiga sus orígenes y su trayectoria, pero gracias a la protección del Cardenal Cisneros, es absuelto por el Santo Oficio. 

A partir de este momento y hasta su muerte, le persigue la reputación de persona problemática, aunque intocable. Vuelve en 1505 a la Universidad de Salamanca, en la que se repiten episodios de enfrentamiento con sus colegas. En 1513, y por sus muchos méritos, Cisneros le ofrece la cátedra de retórica de la Universidad de Alcalá de Henares, por él fundada, en dónde muere en 1522.

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