jueves, 1 de agosto de 2013

Hasdai ibn Shaprut

Hasdai ibn Saprut, médico, diplomático e impulsor de la cultura judía, fue uno de los hombres más importantes e influyentes en la corte de Abderramán III.

Nació en Jaén en 910 en el seno de una rica familia judía que acabó trasladándose a Córdoba en busca de mejores oportunidades, y murió allí en el 975. Tuvo una esmerada educación en la que prevalecieron los idiomas: hebreo, árabe, latín y romance y recibió  formación como médico.

Se hizo célebre al redescubrir la fórmula perdida de la triaca, considerado en la antigüedad como un poderoso antídoto contra el veneno y una panacea universal. Debido al prestigio obtenido, fue nombrado médico personal de Abderramán III.

Pero el Califa descubrió pronto que Ibn Shaprut, gracias a su inteligencia y a su poliglotismo le podía ser útil como diplomático y consejero.

Salon Rico 1
Salón Rico de Medina Azahara
Nuestro hombre tuvo un papel protagonista en uno de los episodios más conocidos de la corte de Medina Azahara:  la recepción de la embajada del emperador de Bizancio Constantino VII Porfirogéneta. Dicha embajada portaba como regalo un ejemplar del libro De Materia Medica, escrito por Dioscórides en traducción griega. Se trataba de un manual de farmacopea en el que se describían las propiedades de más de 600 plantas medicinales.

Hasdai ibn Shaprut se encargó de la traducción de este libro al árabe y al latín con la ayuda del monje bizantino Nicolás. A partir de este hecho, el libro se difundió por toda Europa convirtiéndose en la base de la farmacología posterior.

Antonio Muñoz Molina, en su libro Córdoba de los Omeyas, narra de manera bastante divertida una de las historias de dieta y puesta a punto más antiguas documentada en España, la de Sancho I de León, Sancho el Craso.

Al parecer, el infortunado rey padecía una obesidad tan extrema que le impedía hasta montar a caballo, hecho que aprovecharon un grupo de nobles leoneses para destronarlo. Viéndose perdido, el compungido rey, recurrió a su abuela la reina Toda de Pamplona (como buena navarra, señora de mucho carácter) quien a su vez tuvo la feliz idea de apelar a Abderramán III, a la sazón su sobrino. La familia es la familia, ya se sabe.

Toda quería que el Califa le enviara a su célebre médico personal, y así se hizo. Pero Abderramán no estaba dispuesto a prescindir de él por mucho tiempo, por lo que su misión consistió en convencer a la abuela y al nieto para que se trasladasen a Córdoba. En la corte Omeya el desventurado Sancho recibió un severo tratamiento a base de infusiones de hierbas y duro ejercicio físico, que parece ser que dio resultado pues el rey acabó recuperando la línea y el trono. Y Abderramán como recompensa recibió en feudo una serie de plazas fortificadas.

Como mecenas, Ibn Shaprut protegió a Menahem ben Saruq y a Dunash ha-Leví ben Labrat, poetas y gramáticos hebreos... pero este asunto merece una entrada propia.


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